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No es la primera vez que un equipo de investigadores encuentra una relación entre las ondas cerebrales de las personas que interaccionan de algún modo entre ellas.
Desde hace años, la lingüista y neurocientífica Suzanne Dikker, de las universidades de Utrecht y Nueva York, viene mostrando en distintos ensayos que eso que llamamos feeling, esto es, la química que a veces surge entre individuos, se refleja en su actividad cerebral, que presenta una llamativa sintonía.
Según parece, esta es mayor entre  parejas que entre desconocidos y, como revela Dikker, puede manifestarse incluso sin que digan una palabra.
Del mismo modo, David Poeppel, de la Universidad de Nueva York y el Instituto Max Planck, mostró en un estudio publicado en 2017 que los cerebros de los alumnos que asisten a una clase también se sincronizan, y que este fenómeno es más perceptible cuanta mayor es su concentración.

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En aquel momento, Poeppel y sus colaboradores sugirieron que tal hallazgo podría aprovecharse, por ejemplo, para definir cuáles serían las mejores condiciones para que el público apreciara mejor un espectáculo.
Pues bien, ahora, un grupo de científicos de la Universidad de Arkansas y de la Facultad de Ingeniería Grove, del City College de Nueva York, ha profundizado en este aspecto y ha querido determinar hasta qué punto se sincronizan las ondas cerebrales de la audiencia que asiste a un concierto.
En un comunicado de esta última institución, se indica que cuando los oyentes se sienten cautivados por la música y conectan con ella, su respuesta neural es, como en el caso de los citados estudiantes, idéntica.
Así pudieron determinarlo tras medir la actividad cerebral de unos voluntarios mediante un equipo de electroencefalografía.

Repeticiones cautivadoras

En un trabajo publicado en la revista Scientific Reports, estos expertos destacan que la música tiende a ser repetitiva en su estructura, del mismo modo que las reacciones que suscita en la audiencia también suelen repetirse.
La mencionada conexión mengua precisamente cuando encontramos esa reiteración en las piezas que nos resultan más familiares, pero si se trata de otras desconocidas, la  atención se mantiene, al igual que la correlación cerebral entre sujetos, algo que se nota más en aquellos que tienen alguna formación musical.
Esto último ha llamado la atención de los firmantes de este estudio, ya que, en los demás campos, el interés decae invariablemente con la repetición.
La música, en este caso, sería una excepción.


Jens Madsen, un experto en ingeniería biomédica del City College, coautor de esta iniciativa, mantiene que aunque será necesario indagar más en este sentido, “la medición de las ondas cerebrales aporta pistas sobre las sensaciones que despierta la música en nosotros y lo que la hace tan especial”.

Referencia: Music synchronizes brainwaves across listeners with strong effects of repetition, familiarity and training.
Jens Madsen et al.
Scientific Reports (2019).
DOI: doi.org/10.1038/s41598-019-40254-w

Fuente: Muy Interesante >> lea el artículo original