Londres y Bruselas rescatan la opción de cambiar la Declaración Política del Brexit para desbloquear el impasse

Cincuenta días para el Brexit: la cuenta atrás de Henrietta

Estipula el viejo dicho que 'no news is good news', que el hecho de que no haya noticias es en sí una buena noticia. Podrá serlo en muchos ámbitos, pero en la cuestión del Brexit, a estas alturas, es más que evidente que no es verdad. Con menos de 50 días para que expire el plazo de dos años para la negociación de un Acuerdo de salida, sigue sin haber noticias, planes, una estrategia. Ni rastro de la 'creatividad' que pidió la canciller Angela Merkel y que el primer ministro irlandés reclama a 'quienes crearon este problema'. Y el último viaje de Theresa May este jueves a Bruselas no ha resuelto nada.

La negociación está ahora mismo en una fase de política, gestos, interpretaciones y coreografía, no en cuestiones técnicas. No va tanto de nuevas soluciones, de 'arreglos alternativos', porque todas las cartas están en la mano y pocas sorpresas se esperan. No se trata siquiera de quién tiene que ceder y hasta donde, porque eso ambas partes en el fondo lo saben también. Se trata de encontrar la distracción adecuada, el clima propicio para que unos hagan como que ceden a regañadientes y los otros que flexibilizan con magnanimidad. Para que todos traguen sapos pero las menos culebras posibles.

Ahí se encuadran las declaraciones, las escenificaciones, los mensajes sobre el 'lugar especial en el infierno para los impulsores del Brexit'. O la pose seria, artificial, sin sonrisas ni concesiones ante las cámaras de la premier a su llegada a la capital comunitaria, cargando sobre sus hombros el honor herido de los 'tories', más que del país. Vendiendo firmeza cuando llega a pedir ayuda. De nuevo. Y asegurando que había reprendido al polaco por 'un lenguaje que no ayuda' nada en estos momentos. Tal y como hizo con Juncker en la última cumbre de diciembre tras una polémica absurda por el uso de la palabra 'nebuloso'. Cortinas de humo.

May tenía que venir a Bruselas, pero estaba por ver si sólo para repetir un mensaje que ella, como los líderes comunitarios, saben que es vía muerta. Así que Bruselas la recibió provocando en los tabloides, mostrando que la UE ya no se pone tantas cadenas. Que están listos para la vida sin sus todavía socios. El objetivo es intentar llegar, por las malas ya que por las buenas no ha sido posible, a todos aquellos que en Reino Unido siguen viviendo en o de un engaño. A ciudadanos, a votantes, pero también a los diputados, de todos los partidos, que aspiran todavía a que la UE cambie de idea porque sí, gracias a una jugada maestra, a una intervención heroica no se sabe de quién como en las películas, y todo sin nada a cambio. Sin que Londres rompa alguna de sus líneas rojas para desbloquear lo que a finales del año pasado se enquistó. Y eso no va a pasar.

'Me he reunido con la primera ministra May para ver cómo superar este impasse en el Brexit. Todavía no hay avances a la vista. Las conversaciones proseguirán', resumió el presidente Tusk tras su encuentro. 'Desde el infierno en el que estamos hoy, hay por fin la esperanza de una solución celestial, incluso si no es el Paraíso', señaló algo más optimista Guy Verhofstadt, negociador jefe del Parlamento Europeo y quien, junto al presidente Tajani, se vio también hoy con May. Y quien sin embargo coincidió en que 'claramente' no había habido grandes avances. Ella se limitó a resumir el día con los adjetivos 'robustas y constructivas', respecto a las reuniones.

El precio de la negociación

La línea para los próximos días pasa claramente por el único sitio posible: la Declaración Política sobre la relación futura. Es algo obvio y la UE lleva diciéndolo semanas. En noviembre los 27 y el Gobierno británico firmaron dos documentos: el Acuerdo de salida, 585 páginas de derecho primario de la UE, y la Declaración Política, unas decenas de páginas con compromisos y buenos deseos políticos. El primero, el que fija entre otras muchas cosas un 'backstop' para evitar fronteras en Irlanda del Norte, no está abierto a negociación y se lo han repetido un millón de veces. El segundo, siempre lo ha estado, pero no a cualquier precio.

'El 'backstop' no es negociable, nunca abandonaremos a su suerte a Irlanda. Doy la bienvenida a la carta de Jeremy Corbin ofreciendo un acercamiento entre partidos por primera vez', dijo ante los medios Verhofstadt, apuntando a ese añadido en la Declaración política que los laboristas estarían por fin abiertos a considerar para apoyar un Acuerdo de Salida. Lo que abre opciones interesantes, como por ejemplo a que las dos grandes fuerzas políticas avanzaran hacia una vía conocida como Noruega +, de cara a la relación futura, mucho más ambiciosa que un mero acuerdo comercial como país tercero.

¿Qué margen hay? Ayer, May y Juncker aprobaron un comunicado conjunto en el que se dice que la británica 'presentó varios opciones' para sustituir el 'backstop'. Y aunque el luxemburgués descartó completamente tocar el documento del Acuerdo de Salida, 'sin embargo, expresó su disposición a añadir texto q la Declaración Política para ser más ambiciosos en términos de contenido y velocidad cuando se trata de la relación futura entre la Unión Europea y el Reino Unido'.

Llama la atención que, semanas si no meses después, se coloque en el centro de la diana aquello que estuvo sobre la mesa desde el principio. Lo mismo que la mano derecha de Juncker, Martin Selmayr, le dijo la semana pasada a una delegación de brexiteros. ¿Quieren cambios? Son posibles, pero... ¿están en grado de garantizar que eso vaya a servir? ¿Que eso bastará para lograr más votos? Los diputados no fueron capaces de responder a esas cuestiones, y May, a estas alturas, tampoco está en condiciones. 'Soy clara: voy a hacer lo que tengo que hacer sobre el Brexit y lo voy a hacer en hora. Negociaré duro en los próximas días para hacer eso mismo', prometió.

Los 27 están dispuestos, también a pesar de su retórica, a hacer bastante más, a romper ciertos límites, a usar esa creatividad que hace dos años pedía David Davis y ahora abandera Merkel. Porque no van a lanzarse al abismo de una salida sin acuerdo por mero orgullo, por dar una lección, por enrocarse. Pero 'el presidente Juncker llamó la atención sobre el hecho de que cualquier solución tendría que ser acordada por el Parlamento Europeo y los 27' gobiernos. Y todos escarmentaron ya con Cameron, por lo que no van a regalar nada, no van a fiarse de Downing Street ni de la habilidad política de su ocupante para gestionar algo que, evidentemente, nunca ha sido capaz de controlar.

Este lunes se verán las caras en Estrasburgo Michel Barnier y el ministro británico para el Brexit, Stephen Barclay. Y Juncker y May han acordado volver a verse a finales de este mes. Hasta entonces, lo relevante no es hasta dónde pueden ceder los 27, sino cuántos votos puede garantizar y garantizarse May a cambio de ofertas realistas. El resto es sólo ruido.

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