El muecín Mohamed al Sheij, contempla la mezquita de los Omeyas, en Damasco, en Siria, el 12 de marzo de 2020

En una pequeña sala de la célebre mezquita de los Omeyas en Damasco, seis muecines unen sus voces cada día para hacer una llamada colectiva a la oración, perpetuando una tradición ancestral y única en Siria.

Su decano, Mohamed Alí al Sheij, de más de 80 años, forma parte de los 25 muecines que se turnan para lanzar, a coro, la adhan o llamada a la oración desde el multicentenario lugar de culto, ubicado en el antiguo Damasco.

Una tradición excepcional en Siria, incluso en el mundo árabe, donde la adhan suele realizarla un solo muecín.

Al día de hoy la costumbre continúa, a pesar de que la mezquita cerró a mediados de marzo, cumpliendo con las medidas de precaución decididas por las autoridades para luchar contra el nuevo coronavirus.

'La mezquita de los Omeyas se diferencia del mundo entero por esta llamada colectiva', dice con orgullo el octogenario que lleva un fez rojo y viste una chilaba negra y una chaqueta tradicional bordada.

'Somos una dinastía.
Soy muecín desde hace 68 años y mi padre también lo era', cuenta Sheij a la AFP.

Durante el resto del día, estos muecines son jubilados o comerciantes en el zoco.
Pero debido a sus melodiosas voces tienen el 'honor' de haber sido seleccionados para llamar a los fieles a la oración, uno de los cinco pilares del islam.

'Cuando era joven, los muecines me dijeron: 'tienes una hermosa voz, ven a recitar con nosotros'', recuerda Sheij, mientras sonríe.

'La llamada a la oración es una glorificación de Dios.
Nuestro Señor ha concedido un don al muecín con esta voz para que ensalce su palabra', continúa.

- Al unísono -

AFP / LOUAI BESHARA Muecines cantan el llamado a la oración a coro, en la mezquita de los Omeyas de Damasco, en Siria, el 12 de marzo de 2020

En la pequeña sala sobriamente decorada con versículos coránicos, un reloj electrónico muestra las horas de las cinco oraciones, que marcan el ritmo de la jornada de los creyentes.

Aquí, Sheij y cinco muecines lanzan a coro la adhan, transmitida por altavoces situados en los minaretes.

'Dios es grande', recita uno de ellos con una voz grave, cuando suena la oración del mediodía, antes de que el grupo prosiga al unísono.

La oración del alba es la única que no se hace con esta llamada colectiva.

Existen varias versiones sobre los orígenes de esta antigua tradición en Damasco.

Según los muecines de la mezquita de los Omeyas, el objetivo era difundir la llamada al número más grande de fieles en cada rincón de la ciudad.

De acuerdo con el arquitecto Talal Akili, autor de una obra sobre la historia de lugar, la llamada colectiva comenzó a finales del siglo XV, cuando los peregrinos llegados de diferentes regiones del país se encontraban en Damasco antes de partir hacia La Meca.
El objetivo, según Akili, era informar la hora de la oración.

- 'De padres a hijos' -

Casi sin aire, Sheij sube las estrechas escaleras de un minarete que domina el vasto patio de la mezquita, para enseñar la fabulosa vista de la capital.

Cuenta cómo, antes de la llegada de los altavoces en los años 1980, varios muecines subían a lo alto de los tres minaretes para lanzar su llamada de manera simultánea, con sus voces resonando a través de los barrios de Damasco.

Con sus años de experiencia, Mohamed Alí al Sheij, forma parte de los que tienen derecho a otorgar certificados a los muecines en ciernes.

'La voz del muecín debe ser bella y fuerte.
El ritmo y la entonación, por su parte, pueden adquirirse', explica.

AFP / LOUAI BESHARA Los muecines de la mezquita de los Omeyas de Damasco, en Siria, admiran la fachada del edificio, el 12 de marzo de 2020

Hace diez años que su sobrino, Abu Anas, de unos cincuenta años, se unió oficialmente a los muecines de la mezquita de los Omeyas.

Su abuelo ya era 'el jeque de los muecines' en Damasco y Anas fue criado desde su infancia en este universo intemporal.

'Hemos heredado esta tradición de padres a hijos, por lo menos desde hace cinco generaciones', precisa a la AFP.

'No es un pasatiempos, es algo que corre por nuestra sangre', agrega.

Situada junto al histórico zoco Al Hamidyah, la mezquita forma parte de los lugares de obligada visita en Siria, con sus fachadas cubiertas de mosaicos dorados y sus columnas corintias, que ilustran la diversidad de la historia del país.

El edificio fue erigido en el siglo VIII en el lugar de una basílica.

Desde 2011 y el inicio de la guerra, la mezquita, que esta prácticamente intacta, no había cerrado nunca, ni siquiera en los momentos de mayor violencia.

- 'Acercar el hombre a Dios' -

A unos metros de ahí, Mohamed al Saghir, de 52 años, tiene una pequeña tienda de orfebrería en los pasillos del viejo zoco.
Entre dos visitantes, echa el ojo a un reloj de pared.

Cuando se aproxima la hora de la oración, cierra la tienda, se disculpa ante los clientes y va a pie a la mezquita para participar en la tradicional llamada a los fieles.

AFP / LOUAI BESHARA Muecines posan en el recinto de la mezquita de los Omeyas en Damasco, en Siria, el 12 de marzo de 2020

'Incluso los clientes cristianos me piden que rece por ellos', cuenta este comerciante apodado 'Hajji', por respeto a su estatus de religioso.

Hace treinta años que el hombre se unió a los muecines de la mezquita de los Omeyas.
Descubrieron que 'mi voz era bella y que dominaba los tonos sin necesidad de ninguna formación', recuerda.

La adhan se ha convertido en la prioridad para este orfebre, que dice sentir 'aburrimiento' en su trabajo, al contrario que con esta 'adoración constantemente renovada que acerca el hombre a Dios'.

'Estoy orgulloso de ser un muecín en la mezquita de los Omeyas', añade.
'Esto forma parte del patrimonio sirio, que todo el mundo disfruta escuchando'.

Fuente: AFP >> lea el artículo original