La guardia costera de Bangladés anunció que rescató este miércoles (15.04.2020) al menos a 382 refugiados rohinyás que se encontraban a la deriva en un bote en las aguas territoriales de ese país después de casi dos meses en el mar.

En respuesta a una alerta, la patrulla de la guardia costera lanzó una búsqueda de tres días por el barco, localizándolo por la noche en la costa sureste del país, dijo el teniente Shah Zia Rahman. 'Hemos rescatado al menos a 382 rohinyás de un gran barco pesquero superpoblado y los hemos llevado a una playa cerca (de la ciudad costera de) Teknaf. Se estaban muriendo de hambre', dijo Rahman agregó que más de 30 habían muerto a bordo.

'Estuvieron flotando durante 58 días. Y en los últimos siete días se movió en nuestras aguas territoriales', añadió. Quienes fueron rescatados informaron que '32 rohinyás murieron a bordo del barco superpoblado y sus cuerpos fueron arrojados al mar', afirmó el funcionario y agregó que se estaba llevando a cabo una investigación sobre el asunto.

'Hemos acordonado el lugar donde se encuentran ahora. No pudimos interrogarlos por temor a que pudieran estar infectados con el coronavirus', explicó el vocero. Imágenes publicadas en redes sociales por un periodista local mostraban principalmente mujeres, niñas y niños demacrados, en una playa.

Las personas rohinyás, que aparentemente provienen de campos de refugiados en la costa sureste de Bangladés, se dirigían a Malasia, pero volvieron al mar cuando ese país implementó un estricto control costero debido a la pandemia de coronavirus, señaló el periódico local Dhaka Tribune.

Casi un millón de rohinyás viven en campamentos cerca de la frontera de Bangladés con Birmania, de donde muchos de ellos han huido escapando de una brutal represión militar que comenzó en 2017. Con pocas oportunidades de empleo y educación en los campamentos, miles han intentado llegar a otros países como Malasia y Tailandia.

ama (afp, dpa, Agencia Anadolu, Dhaka Tribune)

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  • Myanmar Rohingya Refugee Boy (Reuters/A. Abidi)

    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    El sostén de la familia

    Nur Hafes, de 12 años, busca personas en el campo de refugiados de Palong Khali que quieran darle un poco de dinero si los protege con su paraguas del penetrante sol. Da una mirada hacia los sacerdotes musulmanes, quienes a veces distribuyen las donaciones que han recolectado en sus comunidades. Él todavía no es un adulto y, sin embargo, debe cuidar a una familia de nueve.

  • Myanmar Rohingya Refugee Boy (Reuters/A. Abidi)

    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    Un euro al día es un buen día

    “A veces hago 50 o 100 takas, a veces llego a casa con las manos vacías”, dice Nur. Un taka es equivalente a un centavo de euro. Por 50 takas se compran alrededor de 250 gramos de chiles verdes en los mercados de los campos . Un pollo cuesta alrededor de 150 takas.

  • Myanmar Rohingya Refugee Boy (Reuters/A. Abidi)

    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    Sola con ocho hijos

    Nur es el mayor de ocho hermanos. Cuando el ejército llegó a la aldea de los abuelos, el padre de Nur huyó sin la familia. No lo han visto desde entonces. La huida a Bangladesh cerca de la ciudad de Cox's Bazar ha dejado a la madre Rabia sola con los niños. Los ancianos hacen todo lo posible para ayudar a Rabia a mantener a flote a la familia en el campo de refugiados.

  • Myanmar Rohingya Refugee Boy (Reuters/A. Abidi)

    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    'El ejército incendió casas'

    Hace dos meses, Rabia y los niños fueron expulsados de su pueblo natal en la provincia de Rakáin, Myanmar. 'El ejército incendió casas donde todavía había gente', recuerda la madre de 33 años. 'He visto tanta gente con heridas de bala'. La familia huyó a casa de sus abuelos, pero solo un día después llegaron los soldados.

  • Myanmar Rohingya Refugee Boy (Reuters/A. Abidi)

    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    Dependientes de la ayuda humanitaria

    Como la mayoría en el campo de refugiados cerca de Cox's Bazar, Nur y su familia dependen de la ayuda humanitaria. Desde su casa solo pudieron llevar la ropa que tenían puesta, documentos de identidad, un par de fotos y una manta para protegerse de la lluvia. Como cabeza masculina de la familia, Nur acostumbra estar al frente ante las organizaciones de ayuda.

  • Myanmar Rohingya Refugee Boy (Reuters/H. McKay)

    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    Sobreprecio en los campos de refugiados

    Por lo general, solo se distribuyen alimentos básicos a los refugiados (aceite, lentejas, cebollas) y a menudo no lo suficiente. Es por eso que los campos de Cox's Bazar tienen una gran cantidad de comerciantes que, por ejemplo, venden chiles verdes o nueces, como también anticonceptivos y cigarrillos. La mayoría de los productos cuestan más que en los mercados de las ciudades vecinas.

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    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    Nur ya trabajaba en Myanmar

    Antes de huir de Myanmar, Nur vendía productos que su padre compraba al por mayor. Como apátridas, los rohinyás tenían poco acceso al sistema educativo antes de que el conflicto estallara y eran discriminados en el mercado laboral.

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    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    Los más jóvenes están desnutridos

    A pesar de sus esfuerzos y la ayuda humanitaria, a la familia de Nur a menudo le falta lo más esencial. Los dos hijos más pequeños de Rabia, Fátima, de un año y medio (en la foto) y Mohammed, de ocho meses, sufren de desnutrición, al igual que muchos de los niños en los campos. Se estima que el 60 % de los refugiados rohinyá son menores de edad. Muchos sufren de enfermedades como diarrea.

  • Myanmar Rohingya Refugee Boy (Reuters/A. Abidi)

    No hay niñez para los rohinyás en Cox's Bazar

    'Ya no se comporta como un niño'

    'Es joven, pero entiende que tiene una responsabilidad. Ya no se comporta como un niño', dice Rabia sobre Nur. Sus deseos para su futuro son sencillos: espera que pueda montar un negocio como comerciante en Bangladesh. Pero a veces él sueña con otra vida, una educación adecuada, tiempo para jugar fútbol con amigos, y así poder ser un niño.


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